Vulpes vulpes

La astucia de este alborotador de gallineros puede intuirse en su mirada, y está fuera de toda duda. Su pequeño tamaño le obliga a recurrir a la inteligencia para sobrevivir.

Todas las imágenes de este ejemplar de zorro común fueron realizadas un día de invierno de 2010, en la Sierra de Enguera, mientras acompañaba por la Vereda Real de Almansa al pastor Miguel, entre los Altos de Salomón, los Altos de la Diabla y la Casa de la Matea. El raposo nos siguió a última hora de la tarde, y durante gran parte del recorrido me regaló una serie de instantáneas inolvidables.

El zorro o raposo Vulpes vulpes, es un astuto e inteligente mamífero ibérico que habita nuestros campos y montes. Pese a que son relativamente abundantes sufren la presión cinegética por parte del hombre, que ha hecho que este solitario animal sea muy precavido, esquivo y huidizo, al cual resulta difícil sorprender, pues su naturaleza sospechosa, les obliga a evitar riesgos.

Mide alrededor del metro de longitud y su altura a la cruz es de unos 40 cm, con un peso que oscila entre los cinco y ocho kilos. De larga cola, hocico alargado y unas orejas prominentes y puntiagudas que lo hacen fácilmente reconocible. Sus extremidades son alargadas, con pies más bien pequeños. Sus ojos presentan una coloración almendrada que va desde tonos anaranjados hasta amarillos dorados con una pupila vertical. Su pelaje más corriente en la naturaleza es el pardo rojizo, con las puntas de las orejas y los extremos de las patas negros, con una cola poblada cuya punta es blanca como su panza. Esta tonalidad roja puede variar desde el pardo rojizo hasta el rojo anaranjado, aunque existen individuos total o parcialmente melánicos, de color casi negro, ocre o gris.

Es solitario. Vive en pareja permanente o en grupos de un macho y dos o tres hembras, emparentadas entre sí y con una jerarquía preestablecida. 

El apareamiento tiene lugar en invierno (diciembre-enero) y las crías -entre 1 y 7- nacen hacia abril o mayo, tras una gestación de unos 50 días. Los cachorros nacen ciegos y con un pelaje pardo oscuro uniforme. La lactancia se prolonga unas cinco semanas. A principios de primavera los zorreznos abandonaran la madriguera, donde empezaran un período de aprendizaje por parte de sus progenitores. Tras pasar el verano en compañía de la madre, con la llegada del otoño, los jóvenes zorros se independizan y se alejan del territorio del padre para no entrar en competencia.

El zorro es un oportunista, cuya dieta se basa en aquellos recursos más abundantes o más fáciles de obtener en un momento dado. Es omnívoro. Se alimenta de insectos, huevos de ave, pájaros, lirones, topillos, ratones, reptiles, anfibios, liebres, conejos, desechos de origen humano. Pero en épocas de escasez también se alimentan de frutos, de los que las uvas son sus favoritos. En otoño se alimenta básicamente de bayas silvestres.

Su larga y poblada cola, que suele llevar en posición horizontal, forma parte de su imagen icónica. Mide aproximadamente una tercera parte de su longitud total. La usa para multitud de tareas: como almohada cuando duerme, para protegerse de la radiación solar, para comunicarse o espantar insectos. Además le sirve para mantener el equilibrio cuando corre o salta. Su distintiva punta blanca nos sirve para identificarlo rápidamente y distinguirlo de otros cánidos.

Durante el invierno se refugiará en cuevas, las cuales acomodará a su gusto.

Es un animal silencioso y muy cauteloso, que caza sobre todo por la noche, con picos de actividad cerca del orto y el ocaso. Su actividad diurna suele ser mayor en zonas poco frecuentadas y sobre todo cuando las noches son cortas. En España se le encuentra desde el nivel del mar hasta la alta montaña (hasta los 3.000 m de altitud). Le favorecen más los hábitats diversos y fragmentados que los homogéneos.

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